Del "haz lo que quieras" al "quiero entenderte": paternidad y adolescencia armónicas

Qué significa ser padre (Brújula parental Parte I)

Lo que no significa ser un buen padre (Brújula parental Parte II)

Educar con amor (Brújula parental Parte III)

Te dejo mi mejor herencia

El árbol genealógico también se poda

El árbol genealógico también se poda

¿Eso es posible?


Por supuesto; venimos a este mundo a ser felices y es nuestra responsabilidad esa felicidad, por lo tanto, depende de nosotros mismos alejarnos de quien nos esté haciendo daño y, claro está, enseñarles todo esto a nuestros niños; no hay que asumir que lo saben.

Hace poco hubo una noticia en donde una niña le gritó a unos policías que no quería estar cerca de su papá, porque la tocaba indebidamente, y aunque al principio nadie le hacía caso, sus gritos traspasaron las redes, hasta que las autoridades intervinieron en el asunto y la niña pudo librarse del padre. Si esta pequeña pudo podar su árbol genealógico, que es una niña, también tú puedes hacerlo. Este ejemplo es muy exagerado, pero sucedió y le puede suceder, o no, a quien sea.



Con esto no te quiero decir que te alejes de tu familia, porque tal vez es más difícil ver algo muy sutil con nuestros parientes, que no amerita alejarnos, solo transformar ese punto de fricción. ¿Cómo? Una alternativa es hablando con ellos, tal vez; ellos ni se estén dando cuenta de que te están lastimando; y qué tal si esa problemática los une más al aclararlo todo, y hasta te piden disculpas.

La cosa aquí es no reaccionar desde la tripa, sino desde el corazón, pero guiándose con la razón.

Muchas veces, nuestra educación no nos permite aclarar lo que no nos gusta, porque lo ven como una falta de respeto, pero si es con consideración y hasta con amor, podremos platicar las cosas incómodas que se viven en la familia; pero también, si hay que gritar como la niña, hay que hacerlo.



Se ha criticado mucho a la generación de cristal, porque dicen que de todo se rompen, pero a lo mejor ellos son los que han dado apertura a que se diga lo que se ha callado por generaciones. ¡Pero aguas! No hay que quejarnos por quejarnos; hay que comprendernos y comprender al otro, hay que analizar la circunstancia que se está viviendo.

Tenemos que ver mi razón, su razón y llegar a una conclusión, y por supuesto actuar en consecuencia. Por algo son nuestros parientes, y la neta, tenemos algo que aprender; a eso venimos a este mundo. Y si lo que tengo que aprender es a soltar y alejarme, hay que hacerlo, pero con la convicción de que eso es lo mejor para mí, y no que me este perjudicando a mí mismo, solo por salirme con la mía, y a lo mejor es solo un berrinche de mi parte. Hay que ver todo el contexto.

No hay que soportar que nos lastimen por el qué dirán, o porque es mi hijo, mi marido o alguno de mis padres, quien sea; si hay que alejarse, hay que hacerlo sin sentirse culpables. Aquí lo importante es sentirse bien, quitando las piedritas del camino y no cargar con ellas solo porque son familiares. Porque, ¿qué crees?, no solo el que está lastimando está generando karma, también lo estás generando tú, y más tú, porque tú sí sabes que te está lastimando, y a la mejor la otra persona ni se ha dado cuenta.



Tenemos que aprender a decir… “No, eso no me gusta”. Solo hay que buscar el momento y las palabras adecuadas, para que ahora no seas tú el que esté lastimando a la otra persona, y por supuesto decir o hablar el porqué te molesta tal o cual situación.


Y sí, si hay que podar ese árbol genealógico, hay que hacerlo, pero con responsabilidad.

¡Tan, tan!

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